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Controlar el dolor

Ver a su hijo sufrir es un experiencia muy difícil. Este artículo les da consejos para aprender a colaborar con el equipo médico para evitar o reducir el dolor.

El control de dolor es una parte importante del tratamiento del cáncer infantil. El dolor no es algo que su hijo/a tenga que «soportar». Se sentirá mucho más fuerte durante el tratamiento si no sufre. El dolor puede afectar al sistema inmunitario, alargar los plazos de curación del cuerpo, afectar al sueño y aumentar las posibilidades de caer en una depresión.

¿Cuál es la causa del dolor?

Estos son algunos de los motivos por los que su hijo puede sufrir dolores:

  • tratamientos, como la cirugía
  • pruebas, como las punciones lumbares o la extracción de médula ósea
  • inyecciones o extracciones de sangre
  • efectos secundarios, como llagas, estreñimiento o diarrea
  • el propio cáncer, cuando los tumores presionan nervios u otras partes del cuerpo

¿Cómo podemos saber si nuestro hijo/a sufre dolores?

Confíen en su instinto paternal. Si creen que algo no va bien y su hijo/a puede estar sufriendo dolores, hablen con su médico. Los síntomas del dolor varían según la edad.

Niños muy pequeños:

Los bebés y los más pequeños expresan las molestias mediante el llanto cuando se les toca. Pueden llorar más a menudo o el llanto puede sonar de otra forma. Otros síntomas del dolor pueden ser la tensión, el aislamiento o la imposibilidad de calmarse. Si su hijo/a se toca demasiado una zona o si sus rutinas de sueño o alimentación varían es posible que también sufra dolores.

Niños más mayores:

Los más mayores suelen verbalizar el dolor. En ocasiones no lo harán por miedo a preocupar a sus padres. Los niños mayores suelen hacer muecas de dolor o ruidos. Pueden tener los ojos rojos o hinchados por haber llorado. Su hijo debe saber que puede hablar con el médico sobre el dolor.

¿Quién se ocupa el dolor?

Los expertos en dolor pueden ser oncólogos, anestesistas, neurólogos, cirujanos u otros médicos, como psiquiatras, psicólogos, enfermeras o farmacéuticos. Los especialistas en terapia artística o musical o los expertos en acupuntura, biofeedback, masajes o hipnosis también pueden ayudar a calmar el dolor. Estos especialistas forman parte del equipo de tratamiento del dolor o de los cuidados paliativos, lo evalúan y establecen un plan de control.

¿Cómo se controla el dolor?

Cada paciente necesita un plan personalizado, basado en su edad, tratamiento y efectos secundarios. Deben colaborar con el equipo médico para gestionar el dolor de su hijo/a.

Los medicamentos sin receta, como el ibuprofeno o el paracetamol pueden aliviar los dolores y servir como primer paso. Es posible que le receten opioides si estos medicamentos no funcionan. Hablen con el equipo médico si les preocupan los posibles problemas de adicción a los analgésicos. Si su hijo no recibe los analgésicos suficientes es posible que sufra dolores que se podrían haber evitado.

Además de las medicinas, existen otros métodos para calmar el dolor:

  • La distracción y la relajación. Los juegos, los libros o las películas pueden distraer a su hijo de los dolores. La música, los ejercicios de respiración o los juegos con burbujas pueden relajar al niño, además de reducir el dolor, el estrés y la tensión muscular.
  • Terapias complementarias, como los masajes o la acupuntura. Estas prácticas suele reducir los dolores.
  • Terapias de temperatura. Una manta eléctrica ayuda a relajar los músculos y calmar el dolor. Las bolsas de frío reducen la inflamación y el dolor.
  • Ejercicio. Caminar y practicar una actividad física moderada mejora la circulación sanguínea y los niveles de endorfinas, sustancias que el cuerpo segrega de forma natural para calmar el dolor y mejorar el bienestar.
  • Dormir. Descansar correctamente ayuda a reducir los niveles de dolor de su hijo y mejorar su bienestar general.

¿Qué podemos hacer en casa para calmar los dolores?

Estos consejos pueden ayudarles a reducir el dolor en casa:

  • Sigan todas las instrucciones de su médico. Quizás deban tomar la temperatura de su hijo y consultar con el doctor antes de administrar algunos calmantes. Esto se debe a que algunos medicamentos para el dolor pueden bajar la fiebre, un síntoma de infección.
  • Es necesario respetar las instrucciones del médico. Asegúrense de que su hijo toma la cantidad adecuada de analgésicos en el momento correcto. No retrasen las tomas ni esperen a que el dolor sea insoportable. Separar demasiado las tomas puede provocar que el dolor tarde más en calmarse o que sea necesario aumentar la dosis.
  • Conozcan los efectos secundarios que provocan los analgésicos. Los calmantes pueden producir somnolencia o problemas digestivos como estreñimiento o gases. Estos efectos secundarios pueden reducir con el paso del tiempo, pero el equipo médico debe estar informado adecuadamente.
  • Usen una escala de dolor. En el hospital pueden pedir una escala de dolor correspondiente a la edad de su hijo/a. Hagan preguntas como las siguientes: ¿Dónde te duele? ¿Cómo describirías el dolor? ¿Cuánto te duele? ¿Cuándo te ha empezado a doler?
  • Mantengan un registro de los niveles de dolor. Los registros por escrito del dolor pueden ayudar al equipo médico a desarrollar un plan de tratamiento. Llévenlo a las citas médicas. Pueden hacer tablas, tomar notas o escribir los siguientes datos:

  1. la fecha y la hora en la que su hijo sufrió los dolores;
  2. los niveles de dolor en el momento en el que se le administró el medicamento;
  3. el tipo y la dosis de analgésico administrado;
  4. la hora en la que el dolor se calmó o la hora a la que se le administró la siguiente dosis de analgésicos;
  5. los efectos secundarios y otros problemas producidos por el analgésico.

«En casa utilizábamos una tabla para registrar los niveles de dolor de Jessie y se la enviábamos a los doctores. Nos dimos cuenta de que el analgésico era muy efectivo. La acupuntura también le venía bien. A veces poníamos una película para que se olvidará de las molestias».

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