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La alimentación de un niño con cáncer: cinco objetivos a tener en cuenta

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Si su hijo está gravemente enfermo, la situación puede ser muy agobiante. La alimentación de su hijo durante el tratamiento es todo un desafío. Cada niño es diferente. Es posible que coma de forma diferente o que no tenga apetito. Si durante el tratamiento consiguen que la hora de comer sea un momento mucho menos difícil para su hijo, ya habrán dado un paso de gigante.

Si su principal objetivo es que la comida deje de ser una batalla, estos consejos les ayudarán a que tanto ustedes como el equipo médico puedan trabajar para asegurar la correcta alimentación de su hijo durante el tratamiento.

OBJETIVO 1: FUERA ESTRÉS, SOLO CALMA

ESTABLECER PRIORIDADES

La comida no debe ser una batalla ni un problema. Debemos ser conscientes de que el niño ingresado no puede controlar lo que le sucede y, en muchas ocasiones, no termina de entender lo que pasa. Algunos niños aprenden que lo único que pueden controlar es comer o no comer. Para el niño, el rechazo a la comida puede ser una forma de controlar la situación.

Los pequeños enfermos de cáncer dejan de comer por diversos motivos. Los efectos secundarios de la quimioterapia y la radioterapia incluyen sequedad bucal, náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, pérdida del apetito y cambios en el sentido del gusto. Todos estos factores pueden afectar a la dieta del niño y provocar una pérdida de peso.

Establezca las prioridades alimenticias durante el tratamiento junto a su equipo médico. Defina prioridades y objetivos para cada comida del día o fase del tratamiento. Estas prioridades y objetivos pueden evolucionar durante el proceso. Las principales deben ser la calma, la tranquilidad, la seguridad alimenticia, la estimulación del intestino, las necesidades calóricas y la nutrición.

UN CAPRICHO DE VEZ EN CUANDO

Cuando los niños enferman entramos en una fase de crisis y, consecuentemente, nuestras prioridades son diferentes. Cuando el niño está sano, sabemos que tenemos que priorizar una dieta con alto contenido de fruta, verduras, legumbres, cereales integrales y pescado. Estas recomendaciones no son realistas para los niños que reciben un tratamiento. Nuestra prioridad principal es evitar que la comida se convierta en una lucha. El niño está expuesto a una gran cantidad de factores de estrés y no deberíamos añadir otro más.

Cuanto más relajados estén los padres respecto a la dieta de su hijos, más cómodo se sentirá el pequeño cuando se le invite a probar nuevos platos o cuando tenga que expresar sus sentimientos respecto a la comida.

En el hospital, un lugar extraño, los niños wbuscar algo que les sea familiar. Quieren la comida de su madre o piden comer un plato de confort, recetas simples asociadas con el hogar y la felicidad. La pizza, la pasta, los dulces o el chocolate son algunos de los ejemplos de este tipo de comida...

Comida que nos hace «sentir bien». Suelen ser recetas con alto contenido en grasas e hidratos de carbono. Este sentimiento tiene una explicación psicológica. Los alimentos ricos en hidratos de carbono aumentan la presencia de triptófano, que eleva los niveles de serotonina en el cerebro y nos levantan el ánimo. Otra explicación es que la comida con un buen sabor fomenta la liberación de opioides endógenos y por lo tanto altera nuestro humor.

Otro aspecto importante de estos alimentos es su dimensión social. La comida de confort es familiar y el niño la relaciona con la seguridad y el confort emocional. Por eso, es totalmente normal que el paciente busque consumir la comida que le proporcione confort, pero quizás no el mejor aporte nutritivo.

A veces es más sencillo beber que comer. Algunos pacientes prefieren «beberse» las calorías, mediante batidos, jugos u otras bebidas. En el mercado existen diferentes suplementos dietéticos preparados.

OBJETIVO 2: SEGURIDAD ALIMENTARIA

DIETA BAJA EN BACTERIAS

Los pacientes con un tratamiento contra el cáncer suelen ser «neutropénicos», no tiene prácticamente defensas contra las infecciones. Una dieta baja en bacterias o neutropénica puede reducir el riesgo de infección bacteriana en los pacientes inmunodeprimidos. Existen muchos debates y polémicas entorno a este tipo de dietas, su beneficio y sobre si los estándares de seguridad alimentaria tradicionales son suficientes para proteger al paciente. Algunos hospitales en EE. UU. y Europa occidental no informan a los pacientes sobre este tipo de dietas y tampoco han observado un aumento de las infecciones. Por lo general, las dietas bajas en bacterias se recomiendan en países con estándares sanitarios deficientes, como pueden ser los países en vías de desarrollo y países de climas cálidos.

LA SEGURIDAD ALIMENTARIA ES LO PRIMERO

En el St. Jude Children’s Research Hospital recomendamos la dieta baja en bacterias a todos los pacientes con leucemia linfoblástica aguda durante la inducción, reinducción o en cualquier momento que su recuento de neutrófilos sea inferior a 500; a todos los pacientes con leucemia mieloide aguda durante todas las fases de tratamiento; y a todos los pacientes tras un trasplante alogénico de médula ósea, hasta que su índice de glóbulos blancos regrese a la normalidad. Los pacientes con tumores sólidos o pacientes que reciben trasplantes autólogos no deben seguir este tipo de dietas, pero sí que conozcan las reglas de seguridad alimentaria.

OBJETIVO 3: ESTIMULAR LOS INTESTINOS

Debemos trabajar los intestinos para evitar que se atrofien. Es posible evitarlo incluso si el paciente ingiere pequeñas cantidades de comida o si se le alimenta por una sonda. Las paredes del intestino delgado están revestidas de vellosidades intestinales, cubiertas a su vez por microvellosidades, que permiten multiplicar la superficie del intestino para una absorción adecuada de los nutrientes. Si no estimulamos el intestino, las vellosidades se atrofian en tan solo unos días, lo cual dificulta la absorción de nutrientes. Para un intestino sano, es importante que los pacientes continúen comiendo al menos pequeñas cantidades de comida y bebida, incluso en los días en los que es más difícil.

Si el paciente se alimenta por una vía y este método no ha sido prescrito por el equipo médico es necesario intentar que coma. En ocasiones los pacientes no pueden alimentarse por la boca, debido a un procedimiento médico o a su estado de salud. En estos casos, la alimentación por vía es necesaria y adecuada. La decisión depende del doctor.

OBJETIVO 4: NECESIDADES CALÓRICAS

Durante el tratamiento, las necesidades calóricas suelen aumentar. Ya de por sí las necesidades de los más pequeños son más altas que las de los adultos si se calculan por kilogramo. Cuanto más pequeño sea el niño, más calorías necesitará por kilo. Esto se debe al rápido desarrollo durante la infancia, al crecimiento y una mayor actividad física.

Durante el tratamiento puede ser complicado que el niño ingiera todas las calorías necesarias para su correcto crecimiento, reparación de tejidos y desarrollo. Debido al crecimiento, las necesidades de proteínas son también mayores.

Hasta cumplir 10 años, el cerebro de los niños es el órgano con el metabolismo más rápido. A esa edad, el desarrollo cerebral es sumamente importante y debemos asegurarnos de que ingieren todos los nutrientes necesarios. La situación es difícil, puesto que muchos medicamentos provocan diarrea o afectan a la digestión y a la capacidad de absorción del intestino.

El nutricionista calcula las necesidades calóricas en reposo de cada paciente (cuando duerme) y le añade el factor de estrés para calcular el total necesario. Dependiendo del estado de salud del paciente, dichas necesidades deben ajustarse a la baja o a la alza. Las cantidades de proteínas también pueden modificarse, en consideración de la función renal y hepática del paciente. Estás recomendaciones se apoyan en la opinión del médico, el dietista o de ambos.

OBJETIVO 5: NUTRICIÓN

Al final lo que nos interesa es la nutrición. Esto no quiere decir que una nutrición adecuada no sea importante durante el tratamiento. Cuando hayamos alcanzado todos los objetivos anteriores, podremos empezar a centrarnos en los nutrientes adecuados y en los alimentos que los aportan. Las dietas están formadas por macronutrientes (hidratos de carbono, proteínas y grasas) y micronutrientes (vitaminas y minerales).

Una dieta sana debe incluir gran cantidad de verduras, crudos o cocinados, frutas, proteínas provenientes de la carne (pescado, pollo, etc.) o proteínas vegetales (soja, legumbres, etc.), cereales integrales (arroz integral, trigo integral, etc.), frutos secos y semillas, aceites (de oliva) y productos lácteos (queso, etc.). Una dieta equilibrada vegetariana o vegana también es adecuada.

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