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Pasos a seguir antes de planear la vuelta a las clases

1- Informarse

Es esencial informarse sobre la situación del alumno a la hora de organizar su regreso a las aulas.
Los padres disponen de toda la información que usted necesita sobre el cáncer y su tratamiento. Para más información puede ponerse en contacto con el hospital.

Es importante conocer:

  • Cómo se administra el tratamiento, los posibles efectos secundarios y cómo afectarán al aspecto y comportamiento del alumno.
  • Un calendario aproximativo con las fechas del tratamiento o las pruebas que puedan afectar a la asistencia.
  • Los posibles problemas que tenga el alumno para participar en algunas actividades.
  • Todo lo que el alumno sabe sobre la enfermedad. Pese a que se suele adoptar una estrategia de total sinceridad, en ocasiones suelen presentarse excepciones.
  • En el caso de los niños menores, lo que la familia desea que los compañeros y profesores sepan sobre la enfermedad.
  • Para los adolescentes, si el alumno prefiere hablar directamente con el profesorado sobre todos estos puntos.

2- Empezar la organización

Una vez que tenga toda la información sobre la situación, puede empezar la organización.

Si el hospital está cerca de la escuela, todo el equipo médico, los trabajadores sociales y los miembros del centro de apoyo para familias con cáncer pueden reunirse con el profesorado y los padres.

Es importante comprender el derecho de la familia a la privacidad, así que solo podrán compartir la información necesaria para que el paciente no tenga problemas en las clases.

Igualmente, se debe consultar con los padres antes de organizar cualquier reunión. Así, las relaciones que ese establezcan serán más sólidas y fructíferas.

Si no es posible incluir a los cuidadores, será necesario designar a una sola persona de la escuela como punto de contacto para la familia. Esto es muy importante para los alumnos de secundaria, ya que suelen tener varios profesores y es necesario que todos tengan la información correcta sobre el estado del paciente.

Otra forma de asegurar una comunicación correcta es organizar una reunión al principio de cada trimestre con un miembro del equipo médico, del profesorado y los padres. Esta persona «punto de contacto» debe asegurarse de que las necesidades especiales se respetan, ya sean ayudas para desplazarse, un lugar para descansar, permitir que el alumno lleve una gorra o calzado cómodo, tiempo para comer un snack o simplemente un momento a solas.

3- El aula

Ser permisivos con lo estrictamente necesario

Los alumnos con cáncer deben ser aceptado por quiénes son; Se trata de niños o jóvenes con enfermedades muy graves que requieren un tratamiento periódico.

Si ignoramos el cáncer, dejamos de lado una parte muy importante de la vida del paciente.

Pero si el cáncer se lleva toda la atención, estaremos olvidando otros aspectos esenciales de la vida de la persona.

Es necesario ser permisivos, pero hay que encontrar un equilibrio entre lo que el alumno puede hacer y lo que deben hacer en virtud de su propia imagen.

Al igual que sus compañeros, los niños con cáncer necesitan cariño, apoyo y comprensión.

Establezca unos límites y expectativas razonables

Los niños no deben estar sobreprotegidos. Es mejor establecer los mismos límites que para los compañeros.

Los profesores deben inculcar disciplina y fomentar unas expectativas académicas razonables para el estudiante. Si no lo hacemos, el estudiante no podrá disfrutar del orgullo que aportan el aprendizaje y demás logros, además de aislarlo de sus compañeros.

Un tratamiento especial demasiado obvio puede resentir a sus compañeros y tener unas consecuencias muy negativas para el paciente. Por ejemplo, las fechas de entrega de los proyectos se tienen que ajustar según el calendario del tratamiento del alumno.

Sin embargo, el trabajo debe evaluarse con los mismos criterios usados para el resto de alumnos.

Los profesores deben ser conscientes de los nuevos problemas de aprendizaje o de comportamiento (peleas, hostilidad, irritabilidad) e informar a la persona encargada de contactar con la escuela, la familia y el hospital.

El tratamiento, especialmente la radiación craneal, puede provocar problemas de atención y concentración, peores resultados bajo presión, empobrecimiento de la memoria visual y auditiva así como la pérdida de las habilidades matemáticas. Estos problemas, unidos a las faltas de asistencia, pueden afectar al progreso educativo del paciente. Consulte el artículo: Efectos posteriores del tratamiento.

Es importante que los alumnos con cáncer se sientan parte de la clase, incluso si las ausencias nos les permiten seguir el curso completo. Es importante enviarles los deberes o trabajos al hospital o a sus casas.

Si la escuela lo permite, se pueden organizar clases complementarias o permitir que el alumno asista a solo una parte de la jornada lectiva.

Entorno físico

Es necesario mantener unas buenas normas de higiene, como lavarse las manos y evitar en la medida de lo posible las enfermedades contagiosas.

El entorno físico puede adaptarse para que el alumno pueda acceder a todas las instalaciones y actividades escolares.

Quizás se deba modificar el uniforme, los contenidos, los requisitos de una actividad, los horarios o las materias escogidas.

4- Los compañeros de clase

Si hablamos abiertamente sobre el cáncer infantil, el tratamiento y los efectos secundarios con los compañeros de clase podremos mejorar la comprensión y aceptación de su compañero enfermo.

También suele ser útil hablar de los cuidados médicos en general, de las enfermedades crónicas y de las discapacidades.

El primer paso, si la edad del niño lo requiere, eshablar con los padres, para asegurarse de que están contentos con los recursos disponibles y que conocen el objetivo de esta conversación con los alumnos. Sin embargo, si acaban de recibir la noticia del diagnóstico, algunos niños no querrán ser el foco de tanta atención.

Una conversación bien organizada puede ser la oportunidad óptima para informar a los compañeros de que el cáncer es una enfermedad grave, con tratamiento, de la que se puede hablar abiertamente y, lo más importante, que no es contagiosa.

La información comunicada debe adaptarse al nivel de madurez de los estudiantes y debe servir para minimizar las «diferencias» del paciente.

Es importante ser consciente de que cada alumno tendrá sus propios clichés o problemas relacionados con el cáncer. Para algunos, puede estar vinculado al recuerdo de la muerte de un abuelo, ser querido o mascota.

Por lo tanto, es imprescindible que los profesores animen a los alumnos a hablar de sus experiencias con el cáncer Los educadores afirman que suele ser muy útil tener estas conversaciones en el aula. Obviamente, estos intercambios serán diferentes dependiendo de los niveles de madurez de los alumnos.

Algunas pautas para la conversación:

1. Comiencen preguntando a los alumnos cómo les gustaría que les trataran si estuvieran enfermos o cómo se sienten cuando están con un paciente. Sus respuestas serán la base para hablar con los alumnos de la forma en la que tratan a su compañero.

2. Si los padres lo permiten, hablen del cáncer de su amigo, del tratamiento que está recibiendo y de cómo va a afectar a su aspecto y a su comportamiento. Esta conversación es muy útil, porque así sabrán cómo reaccionar ante los efectos más impresionantes, como la pérdida de peso o la caída del cabello. Cuando sus compañeros entienden que estos cambios los provoca un tratamiento para salvar la vida de su compañero, es menos probable que le molesten e incluso le defenderán de los comentarios humillantes. Es muy importante dejar claro que los compañeros no puede "contagiarse" un cáncer y hacer hincapié en que las causas del cáncer en niños y jóvenes son desconocidas.

3. Los alumnos más mayores pueden hacer un trabajo sobre la salud o la ciencia. En grupos, pueden investigar cuáles son los tipos de cáncer, el tratamiento y los efectos secundarios con materiales actualizados. Al presentarlo en clase, los alumnos profundizarán sus conocimientos básicos sobre el cáncer y la enfermedad de su compañero.

4. Contacten con los padres para invitar al equipo médico o a un coordinador de apoyo a realizar una presentación en el aula. Esta presentación debe ser un complemento a la charla entre el profesor y los alumnos, no la sustituye. En el caso de ausencias prolongadas, la comunicación continua con los compañeros permitirá que el paciente mantenga un vínculo con su vida «normal».

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